martes, 24 de noviembre de 2015

el adusto señor

que escribe prefiere lo estándar y evita conocerte. No es comprensivo ni falso ni agradable en el trato. Busca el insulto fácil y le divierte lo políticamente incorrecto. Está aburrido del cansancio y cansado de esperarte. El adusto señor aquí presente bebe solo y duerme desnudo. Se declara fan de lo inútil y siervo de lo intrascendente. Le importa mucho bien poco y se olvidó de complacerte. El adusto señor que te imaginas va marcando líneas rojas. Prefiere contradecirte a aplaudir tus tonterías. No busca sorprenderos y se cambió al descafeinado.

Fin.

hacia todo aquello que nos rodea

Oía hablar por la radio sobre un estudio publicado, creo, en 2013 sobre el volumen de alimentos que desperdiciamos en España. Puede que se refiriera, por las cifras que escuché, a lo que se describe en este enlace, que cada cual puede leer y que, a mí personalmente, me resulta aterrador. 

No se trata de predicar con un discurso buenista ni de señalar al otro como el enemigo, pero pocas veces somos conscientes del poder que encierran todas y cada una de nuestras decisiones en lo que se refiere a interactuar con nuestro entorno más inmediato. Tal vez muchos de nosotros no tiene el tiempo, las ganas o los arrestos para sacrificar unas horas de su tiempo, unos euros de su bolsillo o un mínimo esfuerzo para colaborar en propuestas de voluntariado o recogida de ropa/alimentos/espuma de afeitar y demás mierdas. No es necesario, siquiera, declararse en rebeldía y mandar a tomar por culo a quien pone trabas para el auto-abastecimiento energético a través de energías renovables, sigue fomentando el transporte privado basado en combustibles fósiles o se toma a la torera la protección de costas. Podéis, incluso, seguir comprando en cadenas que sostienen la explotación infantil, o yendo a cenar basura bajo un marketing que dispara con flecha a nuestro corazoncito más sensible.

No os pido ser proactivos. (Yo sólo lo soy del 1 al 3 de cada mes y el resto de días me hago el armadillo.)

Con tomar un mínimo de conciencia se da un primer paso. Con pararse un segundo a pensar que detalles tan del día a día como tirar un papel o un envase a su contenedor correspondiente, dosificar la ración de lo que comes para que no sobre, ver qué te hace realmente falta para así planificar la compra, reutilizar lo que se puede o no dejar encendido aquello que no se utiliza (entre mil otras microacciones), ya nos podemos empezar a poner medallas. Nos cuesta horrores mirar más allá de nuestra comodidad, y eso nos hace egoístas y, apostaría, peores personas. Y especial responsabilidad tienen, si cabe, aquellos que son padres, por no pensar en el ejemplo que dan y el legado que dejan a los que han querido traer a este mundo. 

Meto a todos en el saco, porque es un problema de todos. Lo que más observo en cuantos me rodean es un listado infinito de comportamientos que denotan lo mucho que les suda tres pares estas cosas. Son muchos años ya, y a menudo me he preguntado si no será aquello de que me fijo únicamente en lo malo. Y sí pero poco, porque tengo una tendencia innata a identificar la paja en el ojo ajeno con relativa claridad, pero mucho me temo que ni mi juicio ni mi memoria me engañan aquí. Todo esto no les convierte (no nos convierte, por supuesto me incluyo) en asesinos, porque probablemente muchos de ellos no se hayan decidido a dar ese primer pasito, aquello de la toma de conciencia, pero de nada o poco sirve aliviarla donando puntualmente a Caritas o pagando una entrada por una buena causa si luego, cada momento de cada día de cada año que vivimos de prestado, nos resbala el impacto negativo (muchas veces inevitable) que ejercemos con nuestro nulo compromiso hacia todo aquello (tenga nombre y apellidos o no) que nos rodea.

martes, 3 de noviembre de 2015

revelaciones

Y hablábamos hace un rato sobre lo mundano, de las bondades del matrimonio (a pesar de que cada día se rompen siete de cada diez), las deficiencias en la Administración y, en general, de cómo deberían ser las cosas. Surgía esto de las verdades que yacen ocultas dentro de uno mismo y que cuando menos te lo esperas se manifiestan como una gran bofetada. De eso, creo, sabemos todos un rato. Nuestro cuerpo y nuestra mente se empeñan en contarnos sus secretos a cuentagotas y, canallas ambos, esperan a que se nos ponga a prueba para reírse en nuestras caras y gritarnos: "¿Mi dueño? ¡JA! Tu dueño soy yo". Porque todo cuanto hacemos y pensamos es entreno para futuros, y como nadie aterrizó enseñado, al menos corre por nuestra cuenta el educar a ese ínfimo porcentaje de lo que no viene en el ADN para que compense un poquito nuestras muchas taras. A menudo basta con conocer los límites y, llegado el caso, saber apartarse para no estorbar.

viernes, 30 de octubre de 2015

queridos niños

Queridos niños,

os tengo que confesar que yo no sería un buen padre para vosotros. Pero tranquilos, las probabilidades de que esto ocurra son escasas y, en el peor de los casos, solo afectaría a uno o dos ejemplares de vuestra especie. La mayoría, pues, podréis seguir siendo educados por auténticos profesionales que os querrán y cuidarán forever and ever, y no tendréis que sufrir estos desvaríos de viejo rancio, aburrido y, sin duda, un pelín conservador. Se le atribuye a Churchill eso de que quien de joven no es comunista es que no tiene corazón, y quien de viejo es comunista es que no tiene cabeza (o algo así), pero lo mío no va por ese lado y, como curiosidad, os diré que discrepo con la segunda parte de la cita.

Ayer leía con cierto estupor que ya podéis hacer la comunión civil en según qué privilegiado lugar o, dicho de otra manera, la última gilipollez (disculpad mi lenguaje) sacada de la chistera de algunos. Por suerte, dejé de leer a tiempo movido por la frecuencia cada vez mayor de mis arcadas, y evité llegar a mayores al recordar eso de que, como ocurre con Halloween, puede que no tenga ningún sentido que alguien celebre copias baratas de algo que no le pertenece, pero pocas cosas hay más españolas que lo de apuntarse a fiestas ajenas. Lo justificaba alguno como el festejo del "paso de la infancia a la adolescencia"... sin duda un recuerdo imborrable en todos aquellos que nos vestimos por primera vez de etiqueta para poner cara de what the fuck ante mil fotos que años después escondemos bajo siete candados por vergüenza. El acto se suma al tren que ya arrancó el bautizo civil (o aquello por lo que los padres se comprometen a defender los derechos de los niños, con dos cojones) y sin duda es preludio de la confirmación civil (o aquella efeméride en la vida de todo púber en la que admite seudoconscientemente la estupidez adquirida).


Llamadme radical si a mi descendencia no le proporcione su particular dosis de protagonismo, supongo que el café para todos genera adicción, y parece que en exceso (como casi todo) no conviene. Soy más del think by yourself (si de mayores me salen krishnas o diputados, allá ellos) y de la comida casera, donde me reservaría mi inevitable cuota de autoritarismo al evitarles burgerkines y otras mierdas cancerígenas. Su colon me lo agradecerá.

Niños... entes celestiales que venís con un pan integral sin gluten ni lactosa bajo en sal y azúcar bajo el brazo (la corteza ya os la quito yo), todavía recuerdo la cara de algunos de vosotros hace unos días, cuando tras el sorteo de bicicletas insultabais al por mayor mientras zarandeabais las vallas por no haber sido agraciados, o la mala baba de aquella princesita zampabollos cuando exigía unos snacks a la mujer que se comió a su madre. Criaturas adorables... no me malinterpretéis al querer concederos a veces las dos hostias que por descuido nunca os dieron: os amo igual. No es culpa vuestra si tenéis que pertenecer al grupo y disfrazaros de walkers en un día tan señalado como hoy, os dejáis llevar y es normal. Yo, blogger demagogo que tanto critica, actuaría igual a vuestra edad, y el hecho de haber salido un poco monger a pesar de recibir más noes que síes de pequeño se debe únicamente a mi incapacidad congénita de adaptarme o morir.

Pero soy optimista (Churchill también dijo que no parece muy útil ser otra cosa) y, a pesar de todo, confío en vosotros. No tengo muy claro quién pagará las pensiones de quién, pero mientras algunos aprendáis a pasar las páginas de un libro antes de deslizar el dedo por una pantalla táctil, y otros sepáis todavía el valor y la ilusión que se esconde tras un regalo, tal vez no todo esté perdido.



domingo, 27 de septiembre de 2015

divino tesoro

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
(Rubén Darío)

Comentaba mi fuente que allí "la juventud está por la independencia y no ve más allá" y vinieron a mi cabeza las palabras del poeta. Esa misma juventud se reunirá esta noche bajo el calor de una superluna herida en sangre mientras recitan a Whitman con ese "I sound my barbaric yawp over the roofs of the world", en claro guiño a Robin Williams. Bramarán sus versos entregados a un amor prohibido, vomitarán la rabia tantos años reprimida y brindarán con Dionisio por un mundo mejor.

Sí. amigos, yo también alzo mi copa con ellos contagiado como estoy con esas proclamas tan... de verdad. Vamos, que cualquiera que apela a mi derecho a decidir y me susurra al oído lo del mandato democrático me tiene ganado y con la mano en la bragueta: soy fácil. Y querer engañarnos con eso de que las presentes y futuras generaciones han crecido y crecerán manipuladas bajo un sistema vertebrado desde los medios de comunicación hasta las asociaciones vecinales pasando por un clientelismo de lo más rancio me parece, cuanto menos... no sé... un argumento incompleto. A ver, que yo si fuera un dirigente soberanista y malote, y no se me interprete mal, gastaría los recursos de todos en esas mierdas mientras culpo de mi estulticia a otros. ¿Vosotros no? A mí siempre me ha funcionado: "el profesor me ha suspendido" o "has empezado tú" han sido herramientas cojonudas a la hora de soterrar mis miserias e incapacidades para dialogar de manera más o menos constructiva, y eso de crearse un enemigo que sirva de cortina para tapar nuestras vergüenzas... ¿quién no lo ha hecho alguna vez? Así que no, no hay que demonizar a esos pobres chicos ni hace falta que malgastemos lo poco que pensamos en afirmar a la brava que viven engañados bajo un paradigma que ni les pertenece ni se han parado a analizar. Cada uno tiene derecho (¿cómo no va a tenerlo?) a sentirse un vaso, un plato o un berberecho, y no podemos ir contracorriente si llevamos años bailando solos por miedo a olvidar los pasos. 

Somos pobres almas en pena, ávidas de ismos que ocupen ese abismo existencial en el que nos hayamos inmersos, así que es lógico y normal que nos sumemos al discurso de quien parece tener las cosas claras y nos vende una utopía. Si Mariano hiciera lo mismo... Bueno, no le pidamos tanto. Si, al menos, dijera algo... lo mismo hasta seguía sin votarle.

sábado, 29 de agosto de 2015

la langosta

Al levantar la mirada ya estaba ahí, surgida de la nada y sin haber hecho el menor ruido, o al menos uno lo suficientemente audible para llamar mi atención. Leía sobre las ideas geniales, en una de esas revistas que voy acumulando en los estantes por falta de autodisciplina para ponerme con ellas. Una vez descubierta (la langosta), a escasos dos metros de mi posición, resolví seguir a lo mío y leer como si nada, si bien es cierto (he de confesar) que cada poco la observaba con el rabillo del ojo para evaluar si seguía en la misma posición. Tenía (si no recuerdo mal) la mitad delantera de su cuerpo sobre una baldosa de mi terraza y la trasera en otra, y esa simple simetría me hacía saber si se movía o no. Permaneció así... no sé, ¿veinte minutos? Tal vez miraba a la luna llena, que enorme, rojiza y hermosa despegaba junto a Los Santos de la Humosa queriendo engullir lo que quedaba del día. Seguía con el artículo y las alusiones a eso que llaman "pensamiento lateral" y ondas gamma que aumentan en nuestro cerebro instantes antes de gritar Eureka. Pensaba que, en otro momento, bien podría haber tratado de ahuyentar al ortóptero movido fundamentalmente por mi asco hacia estos bichos, pero la calma reinaba con toda su autoridad en ese momento: las hormigas transitaban ajenas por entre la hierbabuena, la luz del atardecer era fantástica y el silencio invitaba a la reflexión. ¿Quién era yo para alterar nada sin motivo alguno? Irónicamente, estaba terminando el artículo con el décimo consejo para fortalecer mi creatividad ("trata de ser feliz") cuando un sonido seco similar al de hoja rota volvió a distraerme. La langosta había desaparecido tan rápido como quiso venir, solo que esta vez decidió despedirse. Quizá agradecida, quizá indiferente, me dio un último susto al revolverse entre las flores de otro tiesto en el momento en que abandonaba la lectura y regresaba al interior. "Esto no acaba aquí", pensaría el animal, por lo que dejo fiel testimonio en estas lineas de lo acontecido hace escasamente unos minutos. Hoy no dormiré aquí. Quién sabe si mañana, a mi regreso, escribamos otro capítulo en una historia de amor que, sin duda, no ha hecho más que empezar.

martes, 21 de julio de 2015

todos tuertos

Sé, y tú lo sabes, y yo sé que tú lo sabes, que lo de sólo mirar la paja en el ojo ajeno viene con el DNI, justo debajo de lo de EQUIPO y ese código alfanumérico que nadie entiende... está ahí, escondidico ello, escrito en tinta mágica que solo se revela bajo una luz más mágica si cabe. Ay... la paja, bella palabra mas no tanto como el acto en sí. Podríamos escribir thousands y thousands de relatos que dieran voz al número abrumador de ocasiones en las que hemos recriminado, censurado o exigido actitudes a terceros cuyo ejemplo, WTF, decidimos obviar. Que si eres así o asá, que si has hecho esto o lo otro, que mira cómo piensas, que cuidado con lo que dices... Más bendito sería el rasero si nos midiéramos todos por igual, aunque luego malaplicamos la Ley del Talión, y ya sabemos lo que pasa.

lunes, 20 de julio de 2015

sobre lujos y otras mierdas

"Y aquí tú y yo, solo quedamos los buenos."
Vetusta Morla

La historia es caprichosa, y lo que tener antes era un lujo ahora es todo lo contrario. Llegará un día, espero, en que no necesitemos tirar los dardos con teclado (oh, hipócrita de mí). Ese mismo día, tal vez, seremos conscientes de que, efectivamente, saber perdonar es de lo más difícil que toca hacer a veces, pero se antoja necesario cuando, en lugar de erigirnos en cazadores, nos convertimos sin querer en la presa.

Corolario:
Sí, querida, tendremos que resignarnos a que el mundo siga empeñado en girar sin nosotros. Participemos, pues, de su inercia. Al menos así, y sin sabernos mejores, podamos ralentizar un pelín su ritmo.

lunes, 15 de junio de 2015

texto y contexto

Alguien olvidó que el fuego lo guardo yo.
Fuego (Vetusta Morla)

Retomo el paréntesis bajo la necesidad imperiosa de un grito apenas audible, para quien quiera escuchar. El contexto es previsible: vengo de ver durante algo más de media hora "El cascabel al gato" en 13TV, porque al uno le gusta de vez en cuando el heavy metal mientras prepara su comida del día siguiente, y aquí me tenéis, ante un teclado tanta lluvia después.

Cito el contexto porque es importante recordar, a aquellos que habéis estudiado, que es lo que da sentido al texto. (A veces es de imperativo legal citar lo evidente.) Y lo digo por lo que ya sabéis..., eso de que vivimos en directo el fin del mundo con la llegada de los comunistas bolcheviques kale borroka y (para colmo) malnacidos; rodeados como estamos de tuiteros afines a la pluma terrorista y pro boicot a la cuchilla de afeitar. Porque, como dice Leguina, a los españoles nos gusta suicidarnos de vez en cuando, y a uno le toca, aparte, vivir en carne propia no sólo las continuas contradicciones de las que hacemos gala los seres humanos, sino los comentarios más o menos afortunados que pretenden el juicio fácil basado en una frase desafortunada o un aspecto descuidado. Sí, no entro en duelos baratos. Sí, no voté a Vox. Sí, me equivoco continuamente. Y sí, llevo pendiente. Lo cual, sumado en conjunto, probablemente me aleje de la virtud y del buen ejemplo hacia los niños. 

domingo, 25 de enero de 2015

time

I love you. Deeply and forever.

¿Puedes oirme? A veces hay que invertir la polaridad de la pila para que las manecillas del reloj giren en el otro sentido, hacia el origen del tiempo.

Y así reescribir la historia.

sábado, 17 de enero de 2015

melancolía involutiva

"He reinado más de cincuenta años, en victoria o paz (...). En esta situación, he anotado diligentemente los días de pura y auténtica felicidad que he disfrutado: suman catorce."
Abderramán III

Sin ánimo de ponernos trascendentes, cosa que yo, personalmente, no podría hacer aunque quisiera, hablábamos de lo virtual, de lo divino y de lo humano, de dobles vidas y otras, que aun siendo una, no siempre son lo que parecen. Tendemos a mostrar siempre una mejor versión de nosotros mismos de la que realmente es, generando esa sensación en terceros de "oh, mira, qué cosas hace o dice o piensa y qué envidia" cuando en realidad nuestro día a día es tan ordinario como el de cualquiera. Y no es casual ni tiene que serlo que los hombres (en masculino), dentro de nuestra limitación genética e intelectual, juguemos a estrategas dando pasos que responden a un porqué, publicando (por ejemplo) tal o cual archivo en un momento determinado o comentando el de otro para hacernos notar.

Casi todo es mentira, entonces, y digo casi por los muchos pequeños detalles que podemos reflejar a través de una pantalla, pero poco más. Quiénes somos, y qué nos hace temblar de tristeza o alegría, se suele medir mejor bajo las sábanas, con una copa o al ritmo de una canción del jukebox. El algodón, por desgracia, termina engañando y, si no, que se lo pregunten al califa.