martes, 30 de septiembre de 2014

citas

Pongámoslo todo en manos del maestro, G.B.S. (Shaw para ti), a quien cito. <<Cuando dos personas están bajo la influencia de la más violenta, la más insana, la más ilusoria y la más fugaz de las pasiones, se les pide que juren que permanecerán continuamente en esa condición excitada, anormal y agotadora hasta que la muerte los separe.>>

El párrafo anterior, sacado de un libro recién concluido, guarda poca relación con el corazón de esta entrada, el preciso instante en el que uno comienza a dar rodeos para reencontrarse consigo mismo, perdido en una variable acotada en valores, un camino de ida y vuelta de donde puede que nunca me supe desviar. Y ahora toca eso de aprenderse por enésima vez y revisar el enfoque a espacios previamente compartidos, conmigo como único heredero. No está mal, dice la canción eso de que <<soy el rey de mi propia tierra>> y, además, conozco sobradamente el terreno que piso, aunque cada día lo noto más fangoso. 

Sé que en muchas ocasiones parece que escribiera en clave o sin llamar a las cosas por su nombre. Me escudo en el jurado, el mismo que defendía eso de que las metáforas siguen vigentes hoy en día, solo que ahora son literales. Puestos a citar, y dado que ahora son todo interrogantes en mi cabeza, cerremos con Woody Allen y eso de que <<el amor es la respuesta, pero mientras usted la espera, el sexo le plantea unas cuantas preguntas>>.

No encontré broche más oportuno.

lunes, 22 de septiembre de 2014

gays versus maricones

Hay días en los que todos perdemos el oremus y navegamos por mares de confusión y chistes malos, estableciendo frentes sin sentido y comparaciones con poca gracia. Hay días en los que somos más narcisos que ayer y, para colmo, salimos de casa con la escopeta cargada por si alguien se nos pone a tiro. También hay días en lo que, bajo la mirada indiscreta de la estulticia, explotamos los malentendidos y hacemos caso omiso del perdón.

No me escondo de esos días: he aprendido (como tú) a convivir con ellos y a no sentir culpabilidad si decido participar en la rifa. Es solo que me puede dar por soltar morfemas por escrito o, a falta de blogs que alimenten mi ego, abandonar la conversación (ignorando el contexto festivo) y dedicarme a tareas más mundanas.

la zona de confort

Puede que el tenista tuviera razón en eso de que las nuevas generaciones vienen con todo resuelto y sin un espíritu de lucha al cual apelar en los momentos más complicados. Al fin y al cabo, el mismo discurso se ha venido repitiendo durante las últimas décadas, desde el momento en que nuestros abuelos encarnaron a una juventud perdida, nuestros padres a una rebelde y nosotros a una malcriada.

Dios (who exists no more) no quiera que nos quiten la tarifa de datos o la paga mensual, porque aunque siempre nos quedaría beber de alguna wifi abierta o poner sonrisa falsa, una súbita y amarga sensación de falta de recursos nos amenazará en las frías noches de invierno en forma de pesadilla recurrente. Lo veo en los egresados (decenas de chavales altamente cualificados con idiomas y carrera de conservatorio cuya siguiente parada es el paro porque nadie les explicó la alternativa) e intuyo esa extraña mezcla entre conformismo y capricho de la que tantos hacen gala, creyéndose más por su fondo de armario y mejores por ser hijos de una vida fácil.

Un servidor se reconoce entre ellos y a ratos recuerda los viejos tiempos de ostracismo y sacrificio. Sin duda hay restos de aquello en mi carácter taciturno y gris, y es por ello no pido a quienes costeen mi jubilación (o no) que sigan mi ejemplo y sí que vivan sus irrepetibles minutos como si no hubiera un mañana. Miraos en Felipe Juan Froilán y seguid su camino: nadie dijo que fuera fácil tener que emigrar tan joven porque el mundo (y la ESO en particular) te dé la espalda.

martes, 2 de septiembre de 2014

el corrillo

Mujeres (pero también hombres) se apelotonan en corrillo frente a la puerta diez minutos antes de la hora para desgranar sus vacaciones cortas e insuficientes y lamentarse por el trabajo arduo y alienante que les espera. La imagen se repetirá a lo largo de estos días, y quizá se prolongue hasta bien entrado el otoño sujeta a pequeños matices como el tema de conversación y el número de prendas a vestir. Las manos sostienen cartones del café casi llenos de sellos mientras apuran el último suspiro de un latte macchiato. Cruzo invisible entre ellas y me fijo en detalles inconexos que poco aportan a la narración. Todavía se intuyen los ecos de un verano de calor espeso y noches cada vez más largas, y en mitad de la plaza un tipo ajeno a todo este cuchicheo que estira lentamente presto a salir a correr. Tal vez esté por encima de todos nosotros.