domingo, 27 de septiembre de 2015

divino tesoro

Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
(Rubén Darío)

Comentaba mi fuente que allí "la juventud está por la independencia y no ve más allá" y vinieron a mi cabeza las palabras del poeta. Esa misma juventud se reunirá esta noche bajo el calor de una superluna herida en sangre mientras recitan a Whitman con ese "I sound my barbaric yawp over the roofs of the world", en claro guiño a Robin Williams. Bramarán sus versos entregados a un amor prohibido, vomitarán la rabia tantos años reprimida y brindarán con Dionisio por un mundo mejor.

Sí. amigos, yo también alzo mi copa con ellos contagiado como estoy con esas proclamas tan... de verdad. Vamos, que cualquiera que apela a mi derecho a decidir y me susurra al oído lo del mandato democrático me tiene ganado y con la mano en la bragueta: soy fácil. Y querer engañarnos con eso de que las presentes y futuras generaciones han crecido y crecerán manipuladas bajo un sistema vertebrado desde los medios de comunicación hasta las asociaciones vecinales pasando por un clientelismo de lo más rancio me parece, cuanto menos... no sé... un argumento incompleto. A ver, que yo si fuera un dirigente soberanista y malote, y no se me interprete mal, gastaría los recursos de todos en esas mierdas mientras culpo de mi estulticia a otros. ¿Vosotros no? A mí siempre me ha funcionado: "el profesor me ha suspendido" o "has empezado tú" han sido herramientas cojonudas a la hora de soterrar mis miserias e incapacidades para dialogar de manera más o menos constructiva, y eso de crearse un enemigo que sirva de cortina para tapar nuestras vergüenzas... ¿quién no lo ha hecho alguna vez? Así que no, no hay que demonizar a esos pobres chicos ni hace falta que malgastemos lo poco que pensamos en afirmar a la brava que viven engañados bajo un paradigma que ni les pertenece ni se han parado a analizar. Cada uno tiene derecho (¿cómo no va a tenerlo?) a sentirse un vaso, un plato o un berberecho, y no podemos ir contracorriente si llevamos años bailando solos por miedo a olvidar los pasos. 

Somos pobres almas en pena, ávidas de ismos que ocupen ese abismo existencial en el que nos hayamos inmersos, así que es lógico y normal que nos sumemos al discurso de quien parece tener las cosas claras y nos vende una utopía. Si Mariano hiciera lo mismo... Bueno, no le pidamos tanto. Si, al menos, dijera algo... lo mismo hasta seguía sin votarle.