miércoles, 10 de diciembre de 2014

decir hola

Según el INE más de 42.000 españoles dejaron el país entre enero y junio de este año, pero como hasta las palabras también mienten diremos que es movilidad exterior, como gusta decir a algunos, y dormiremos más tranquilos. 

Porque el miedo no reside en decir adiós a alguien sino en la posibilidad de no volver a decir hola, y con esto es complicado levantarse cada mañana, mirar al reloj y decidirse a poner el mismo pie sobre la misma alfombra de todos los días. Uno quizás encuentra más trampas en su camino a la felicidad cuando es consciente de tantas y tantas cosas que se hacen mal a su alrededor, y en su sensación tan desbordante de pequeñez para poder cambiar algo. Ojalá pudiéramos vivir al margen, sin más, y centrarnos en nosotros mismos: todo sería más fácil, pero solo eso. 

Decir hola, hacerle entender que sería bonito poder reír juntos de nuevo y escribirle por vez penúltima que fue duro verle marchar, pero que aún hay esperanza para que, entre todos, dejemos migas de pan en el camino, a ver si vuelve. Si quiere.

jueves, 4 de diciembre de 2014

downgrade

Probablemente ya lo haya comentado en otra entrada o en otro blog (es lo que tiene escribir sin cobrar), pero me parece siempre un tema interesante y merecedor de revisiones.

Ya os han contado eso de los tres factores clave en la comunicación: el mensaje, la emoción y la corporalidad. Es importante, también, refrescar que el peso que cada una tiene a la hora de hacerse entender responde a un 7%, 38% y 55% respectivamente (el factor cultural no altera demasiado los porcentajes), así que si desconocías el dato puede que tras quedársete el culo torcío entiendas muchas cosas de ahora en adelante. No basta, pues, con decir un "te quiero" o un "lo siento", hay que acompañarlo con intenciones, con gestos y, si es posible, con hechos (esto ya es de matrícula), así que medios de los que dependemos hoy en día: correos, redes sociales, whatsapp y demás mierdas se antojan insuficientes en muchos momentos donde la palabra no basta y se requiere de un extra que a menudo no queremos encontrar. Tampoco valen a veces los emoticonos, por mucho que ya estén disponibles aquellos subiditos de tono (sí, amigos, ahora para proponer sexo oral en el ascensor al adversario basta poner dos dibujitos y un interrogante). 

Planteároslo, de verdad. Aparcad el móvil, apagad el ordenador y miraos a los ojos. Proponed un downgrade en vuestros hábitos de vida y abrazad las bondades de lo analógico. Puede que hasta os redescubráis un mínimo, aunque con aprender un poquito de la persona que tenéis delante ya me daría con un canto en los dientes.

lunes, 1 de diciembre de 2014

resiliencia

1. f. Psicol. Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.
RAE

Una de las cosas buenas que tiene mi profesión es que te da para vivir currando más bien poquito y sin moverte de la silla. La otra, que a veces escuchas a gente que merece ser escuchada. 

Evidentemente, una de las dos es parcialmente falsa (realmente gano cantidades ingentes de dinero), así que hoy hablaban del trabajo en grupo en unos workshops que, oh Señor, eran interesantes. Y mencionaron esta palabrota desconocida para el común de los mortales y muy empleada en talleres de carácter motivacional, del rollo teambuilding y esas mierdas que tanto gusta pronunciar. 

Resiliencia, amigos, o cómo nos asomamos al abismo. De alguna manera, esto tiene que ver con nuestra actitud ante el cambio, generalmente a peor, que un 1 de diciembre se nos puede presentar ante nuestras narices. Y como cualquier otro músculo, se ejercita, se cultiva y repercute de manera directa en nuestra zona de confort, por lo que aquellas personas que sepan gestionar esos miedos iniciales ante las sorpresas y pisen con cierta seguridad terreno desconocido, irán ampliando paulatinamente sus fronteras frente a aquellos que jamás se decidieron a cruzar ni tan siquiera la puerta. Porque tendemos a acomodarnos, y puede ocurrir que lo que otros interpreten como una huida, o un paso atrás, responda más bien al deseo de abrirnos más ventanas y, quién sabe, al ánimo de saltar por ellas, aun a riesgo de que la caída nos deje alguna que otra secuela.