lunes, 23 de junio de 2014

unfocused

"No hay viento favorable para el que no sabe adónde va."
Séneca

La profundidad de campo (PDC), o ese espacio entre el primer y último punto en foco dentro de un mismo cuadro, depende de varios factores, como la apertura de diafragma o la distancia focal. Este último parámetro es inversamente proporcional a la PDC, de manera que en distancias focales largas (teleobjetivos, zoom) separamos (rompemos) el fondo de la zona de interés, siendo una opción bastante atractiva en planos cortos a personas o detalles a objetos. Con distancias focales cortas (angulares, ojos de pez) basta regular en un punto alejado para tener en foco una gran superficie, ideal para planos de grupo, situación o paisajes.

Me gusta la idea de "compañera de conversación para toda la vida", y por eso la escribí. Más aún la de "elige y abraza", y por eso lo he hecho contigo. Estoy convencido de que el viento es favorable para el que tiene claro su destino, y aunque a veces salimos desenfocados en la foto, me acojo al proverbio holandés que reza: "No puede impedirse el viento, pero pueden construirse molinos". Pues eso.

jueves, 12 de junio de 2014

contraluz

En el regreso me detengo frente al espejo, y retrocedo a la distancia exacta en la que mi rostro se pierde en el contraluz con la terraza. Mi silueta revela una figura más delgada y proporcionada que la de unos meses atrás, y recuerdo eso de que a veces uno tiene que verse desde fuera para adquirir conciencia de las cosas. Pregunto por preguntar al reflejo si puede, como inercia a aquello que me asalta cada vez que me cruzo con alguien un martes, camino a cualquier rincón. ¿Podrá? Porque yo no puedo. "¿Podrás?" Le repito al espejo, y espero iluso a que mi imagen escape a la lógica y se acerque decidido a mí para gritarme "¡Pues claro!". Porque todo el mundo puede, o pudo en algún momento. "Yo pude", me consuelo.

Acabo de leer lo que tantas veces releeré en momentos de apatía, y ante lo que no supe reaccionar a la altura. (Aprenderás, si no lo sabes, que nunca fui de reacciones de esas, a la altura.) Me asaltan detalles como la redondez de tu letra, el tono avejentado de las páginas, decenas de frases que haría propias, el orden escogido, el color de la portada y el gusto en sus ilustraciones. Acostumbras a utilizarlas (las ilustraciones). Me viene aquello sobre el merecimiento, sentencia nacida tal vez del dolor y más tarde desmentida, pero dicha al fin y al cabo. Pero sí, sé que lo merezco o lo merecí en algún momento, como también sé que podré, aunque te arrastre en el proceso.

Si rompo la inercia y me acerco, los rasgos se concretan lentamente en el lienzo de mi cara y yo me redescubro con ellos. Sigue el gesto serio y la mirada triste, pero intuyo algo diferente en quien me mira, pendiente por ubicar, y puede (espero) que bienvenido. Einstein no se sabía más inteligente que los demás, pero sí mucho más inquieto; ahora, mientras escribo estas líneas, y con tantas tareas pendientes, siento una curiosidad infinita hacia mí, hacia ti y hacia todo lo que nos rodea, desde el cielo nocturno hasta el próximo paso de baile por aprender. Te dije que quiero crecer contigo, pero hasta esta frase se me antoja corta.