martes, 6 de diciembre de 2016

paréntesis

Tú también lo conoces. 

Has leído su texto, aburrido y predecible, que le convierte en alguien vulgar, en un don nadie que, puede, sea olvidado antes de morir, como tantas películas del montón. Te dijeron, como a mí, que en la forma es anodino, que en el fondo prescindible, que algo no tuvo que hacer bien. (Que así le va.)

Sabrás, entiendo, de su paréntesis. De aquella oportunidad perdida. De ese tren que, por razones que a ti y a mí se nos escapan, no quiso dejar escapar. (De lo feliz que fue en el trayecto.) Y que ahora le causa pavor abrir de nuevo un anexo en su vida y atreverse a ser libre en lo que quiera escribir dentro. 

Toda pausa termina, y deja abierto el camino al después, que es lo mismo de antes: un terreno de sobra conocido. Lo diferente eres tú. Lo cambiado. 

Se pensará, pues, dos veces si emplear de nuevo el signo, esa curva traicionera que le llevó a lo importante, a lo aclaratorio, hacia lo mejor de sí mismo; esa rampa de partida que te permite huir del pasado y comenzar algo distinto y trascendente. Él se lo buscó: sólo un loco se atreve a escribir sobre blanco estos días sin pensar en el signo contrario, ese que te devuelve al lodo con menos ganas, más vivido y más cansado. No sé si mejor.

martes, 15 de noviembre de 2016

mi rincón en el mundo

"Los jóvenes, por definición, están destinados a vencer."
Ryszard Kapuscinski

Quizá todo se reduzca a si nos conformamos con lo que hay, con quiénes somos, con las decisiones que tomamos, con las consecuencias de lo que hacemos. Así que decidme: ¿por qué escribo esto, si nadie lo va a leer? ¿Por qué quemar mi tiempo en un alegato inútil, si nadie prestará atención a mis palabras? ¿A quién quiero engañar, si puede que me equivoque? 

Puedo enumerar algunos cambios que he adoptado en los últimos meses/años. Dejé de pagar un redesayuno laboral totalmente prescindible para colaborar con proyectos en los que quiero creer. No gasto calefacción. Trato de desempeñar las tareas de alto consumo eléctrico en franjas valle. Compro carne unas tres o cuatro veces al año. No tomo leche. Aplico todas las medidas que se me ocurren en el ahorro de agua. Prescindo gradualmente de todo medio de transporte privado y contaminante cuando tengo alternativa en autobús, tren, bicicleta o (la mejor de todas) yendo a pie. En los últimos dos años he adquirido tres o cuatro prendas de vestir, más de las que necesitaba (fácilmente extensible a toda mi vida). Intento reciclar envases, papel, orgánico, vidrio, baterías, aerosoles o electrónica de manera constante y siendo estricto en mi criterio. Evito el plástico (si es que eso se puede evitar). Huyo de los preparados. Soy moderado en el gasto, sobrio en mis constumbres e insensible a casi todos los caprichos. Amén.

Y me sé inmerso en una batalla perdida con todo esto. Lo veo a diario, en la calle, la oficina, en mi vida social. Nos da todo igual. Resulta complicado proyectar a largo plazo cuando el cole de los hijos, nuestro trabajo, la penúltima discusión o el ruido que inunda tu cabeza nos limita al cómo llegar a fin de mes o cuál será la próxima gilipollez que pagaré con tarjeta para saciar mi vacío. Miro aquí y allá, me fijo en mil detalles y no encuentro consuelo. Será que sólo veo lo malo. Seré, pues, un amargado.

Así que esto es, y media hora después sigo sin cambiar nada. Seguiré contradiciéndme a diario, dudando más que riendo y no haciendo ni la décima parte de lo que debería por mejorar mi realidad. No tengo a quien contar mi visión de las cosas, no guardo grandes ideas ni solución alguna nacerá de mi ingenio, así que me obligo a actuar desde mi rincón en el mundo con la única aspiración de ser coherente conmigo mismo: eso es todo. ¿Qué otra cosa puedo aspirar a ser?

lunes, 20 de junio de 2016

yellow day

De los creadores del blue monday nos llega el yellow day, el día más feliz del año, y por eso aprovecho la infinita luz solar del solsticio, la inminente llegada de la paga extra (o no) y la planificación de mis vacaciones para dar las gracias por tantas cosas:

- A ti, por creerme un buen padre.
- A la Administración, porque sigo huyendo de sus garras.
- A ellos, por hacer de mi nudo gordiano una causa cada vez más defendible.
- A Mariano, que cada vez que me llama malo y radical tengo más claro mi camino.
- A ti (2), porque remas con todo y contra todo (y sigues remando).
- Al paso del tiempo, por implacable.
- A vosotros, por quererme a pesar de mí.
- Y a mí, por raro.


martes, 10 de mayo de 2016

ruido

En los momentos más oscuros bien podría tener un relato que escribir que despierte la admiración y el consuelo ajenos, de esos basados en hechos reales, como la pérdida de un ser querido, un revés del destino que se superó a base de esfuerzo o similares. Pero no, mi historia es muy convencional, lo siento, y no saco nada de la mochila que os impresione. Solo ruido.

Y el ruido es ambiguo, necesitado siempre de un intérprete que lo transforme en palabras como si de un mago se tratara, con esa varita en madera de abedul que tantas veces he echado en falta. Me viene a la memoria aquella noche en un pueblo de nombre olvidado, cuando uno se queda al margen de la plaza central, al margen de la orquesta, envuelto en angustia y sin ningún instrumento que le permita contestar a un qué te pasa. La niñez es llanto y risa, o risa y llanto, o qué se yo.

domingo, 24 de abril de 2016

vale

Gracias al inexorable paso del tiempo, ese que pone a cada cual en su lugar, el año que viene ya no celebraremos, al menos en este bendito pueblo, el 400 aniversario de nada. No es que quiera ser yo siempre el primero en retirarse del baile o apagar el tocadiscos, pero nunca he llegado a entender que se celebre algo tan de todos como es morirse. Uno, llegado el momento, muere, sin más, y la vida sigue como hasta entonces, con partos y entierros en los que el o la protagonista se dejó el guion en casa. La vida es así.

Se suma la opinión de rotativos de creciente parcialidad, según los cuales los actos y homenajes en torno a Don Miguel y su obra son pobres, tardíos, inadecuados, previsibles o, en el mejor de los casos, escasos; y como ayer, entre el deber y el placer, fui testigo de ocasión de los fastos programados, puedo (a medias) hasta estar de acuerdo. 

Con todo esto sobre la mesa, una pregunta: ¿y? Sencilla, monosílaba. Del estilo de ¿qué? y ¿por? De las mías, en definitiva. Shakespeare diría: ¿so?, que también me vale. Dicho de otra manera, no reviste la importancia suficiente en mi búsqueda de la felicidad el número de petardos que soltaran anoche. O el pantone elegido en los gobos sobre la fachada del ayuntamiento. Ni mucho menos los watios de sonido del quiosco de la plaza. Soy ajeno al dolor y a la miseria. Si me pincháis, no sangro. Si me ultrajáis, no me vengaré... ¿O esto lo escribió el inglés? 

Sé que es cosa que suma en las encuestas decir que si leí Viaje al Parnaso entre la teta y los potitos, o aquello de ser quijotes luchando contra molinos de viento, pero no dejan de ser zarandajas de saldo y valor caduco, y mis canas piden ya sexo de más de un día y vino de cierto maridaje. Quienes pretender honrar el nombre del autor frente al piloto encendido de una cámara o bajo el calor de un editorial, suelen ser los mismos que, con la luz apagada, predican lo contrario a sus palabras porque saben que hasta el menos agraciado sale bien en una foto.

Parece que Cervantes, con su vida tan plena en desgracias, fracasos, derrotas y avatares, hizo de su necesidad virtud, y en sus escritos nos dejó un alegato por la libertad individual y contra una sociedad que creía corrompida. Parece lógico pensar, pues, que no encontraremos mejor honra a su figura que en la pelea por que eso cambie, ya sea abril o agosto, este año o hace dos, solos o con alguien que quiera escucharnos. Quién sabe si, como Sancho, quiera también acompañarnos.

Vale.

domingo, 3 de abril de 2016

copenhague

Era domingo y en el andén de Hackey Central aquella chica jugaba con la otra pareja a recordar lo que habían visto esos días: que si tal museo, o el famoso puente, quizá esa calle tan transitada... Llovía, y el cielo nublado dotaba a la ciudad de ese aire tan melancólico como mágico en Año Nuevo. Pensé que quizá no era la mejor época del año para que alguien viajara tantos kilómetros y ver a su hija, pero eran fechas especiales, supongo, de esas en las que la compañía se valora un poco más de lo estándar y la soledad pesa también por encima de nuestras posibilidades. 

La muchacha parecía feliz, y su actitud contrastaba con el gesto más contenido de sus padres. Me entretenía pensando que, tal vez, aquello no era lo que habían esperado para ella, forzada a emigrar y toda esa mierda que ya sabemos. Quizá se les atragantó un poco el cuarto que tenía alquilado, lo vieja que estaba la cocina, lo sucia y roída que estaba la moqueta, o la falta de un cuarto de estar donde... bueno, donde estar. Me pregunté qué pensarían cuando la chica les contara eso de que robaba de los bares el papel higiénico, que en Londres está muy caro, o aquella vez en que se la jugó y no pagó el billete para ahorrarse tres o cuatro libras. Pero a uno se le pasan muchas cosas mientras espera al tren, y es probable que me equivocase y que, oye, le va de puta madre cobrando algo digno por un trabajo relacionado con lo que quiso estudiar.

Al hilo de nuestra conversación. Recuerdos que afloran.


personajes secundarios

Aprendes a conformarte con las sobras. Con escuchar 'Army of one' mientras termina el render de cualquier vídeo. Con observar cómo los niños se balancean en el único columbio del parque y, al volver a mirar, comprobar que se han marchado. Sabes que nadie se acuerda de ti en este momento, mientras escribes, y aun así no te dejas hundir, por mucho que tropieces.

Nací con la suerte de ser vulgar y no llamar la atención de tus amigas durante un concierto, pero con todo puedo resultar un chico agradable. Al menos para un rato. Tu voz ya no eriza mi piel y tus mensajes ya no aceleran mi pulso. Tu recuerdo dolerá a otros, no a mí.

Quizá os obvie en mi epitafio.