domingo, 3 de abril de 2016

copenhague

Era domingo y en el andén de Hackey Central aquella chica jugaba con la otra pareja a recordar lo que habían visto esos días: que si tal museo, o el famoso puente, quizá esa calle tan transitada... Llovía, y el cielo nublado dotaba a la ciudad de ese aire tan melancólico como mágico en Año Nuevo. Pensé que quizá no era la mejor época del año para que alguien viajara tantos kilómetros y ver a su hija, pero eran fechas especiales, supongo, de esas en las que la compañía se valora un poco más de lo estándar y la soledad pesa también por encima de nuestras posibilidades. 

La muchacha parecía feliz, y su actitud contrastaba con el gesto más contenido de sus padres. Me entretenía pensando que, tal vez, aquello no era lo que habían esperado para ella, forzada a emigrar y toda esa mierda que ya sabemos. Quizá se les atragantó un poco el cuarto que tenía alquilado, lo vieja que estaba la cocina, lo sucia y roída que estaba la moqueta, o la falta de un cuarto de estar donde... bueno, donde estar. Me pregunté qué pensarían cuando la chica les contara eso de que robaba de los bares el papel higiénico, que en Londres está muy caro, o aquella vez en que se la jugó y no pagó el billete para ahorrarse tres o cuatro libras. Pero a uno se le pasan muchas cosas mientras espera al tren, y es probable que me equivocase y que, oye, le va de puta madre cobrando algo digno por un trabajo relacionado con lo que quiso estudiar.

Al hilo de nuestra conversación. Recuerdos que afloran.


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