martes, 21 de octubre de 2014

gaudeamus

Pereat tristitia, pereant osores.

Y es entonces cuando, dejando a un lado todas esas frases maravillosas que nos recuerdan las mil y una oportunidades que ofrece la vida, que nunca es tarde o que sonriendo sales más guapo en la foto, te obligas a quitarte capas de tristeza. Alguna vez has visto la bolsa de basura abierta, y sabes bien que hay personas que ayudan a retirarla.

lectio magistralis

Suena Love, love, love de Avalanche City, y cada noche al acostarme me ciega la misma farola de al lado. Podría evitarlo, pero tengo asuntos más urgentes que tratar.

sábado, 11 de octubre de 2014

ébola

En estos días inciertos en que vivir (lo siento por la canción) ya no es un arte sino una prueba ininterrumpida donde se pone en juego nuestro sentido común (algo necrosado), nos empeñamos repetidamente en chivarnos del de al lado para salvar nuestro culo al amparo de esa vieja tradición de ver en los demás lo malo en lugar de lo bueno. A mayor inri, leía recientemente que el porcentaje de psicopatías entre los señores que manejan el cotarro es unas cinco veces más común que en el rebaño, así que no es de extrañar escuchar a consejeros hablar de más y a ministras hablar de menos en una especie de orgía de sandeces y 2x1 en meteduras de pata. Pero claro, el que tiene boca se equivoca y la que no da más luce bronceado. Y no, amigos, aquí no dimite ningún Dios creado que la Ciencia ya se encargó de expulsar. Aquí se señala como culpable al último eslabón de una cadena de despropósitos que conviene ocultar al ojo público no sea que se abra el candado y se escape el perro... aunque a unas malas seguimos siendo de muerto el perro se acabó lo que tuviera. Amén. 

Sabéis (y si no os lo cuento) que no soy muy de histerias. Bastante tengo con lo mío como para ir echando espuma por las esquinas o quedarme ad eternum en mi torre esperando la llegada del fin del mundo. Prefiero... no sé... ver cualquier tutorial en las cadenas públicas (absténganse del resto) que me enseñe lo realmente sencillo que puede llegar a ser ponerse y quitarse unos guantes, tanto o más que el lejos-cerca de Coco (gran maestro y amigo). Yo soy muy fan del "ente", además (que dicho así da hasta miedo), y lejos de la crítica fácil y de ser políticamente incorrecto (saben los más cercanos que peco de callado y jamás hablo mal de nadie, no, no) rompo una lanza a favor de su labor dentro del periodismo patrio. No solo es un trabajo (informar) duro, ingrato y mal pagado sino que además lo puede asumir cualquiera, así que es tontería pensar que uno se despierte todas las mañanas con la sana intención de no tener que hacerse amigo de los jefes para conservar su silla. Al fin y al cabo, de aquí a cien años todos calvos, por lo que no merece la pena tirarnos de los pelos por cualquier tontería (ya se caerán solitos).