viernes, 24 de enero de 2014

a la deriva

and now all your love is wasted
then who the hell was I?
'cause now I´m breaking at the bridges
and at the end of all your lines

Resulta frustrante compararse con el resto para comprobar, recurrentemente, cómo sus vidas avanzan mientras la tuya navega a la deriva.

No lo hagáis (compararse).

Limitaos, quienes os parecéis a mí, a dejaros llevar por la marea: dijo el náufrago que nunca sabes qué te puede traer (y lo cierto es que nuestra cabeza no da para mucho más).

el diablo

El Diablo se viste de cenas copiosas en la Esquina del Bernabéu, de cuidados eventos y viajes en preferente. Se viste de grandes talentos, de buenas intenciones, de agendas milimétricamente programadas y calendarios marcados con falsos propósitos. 

Sí, también (y sobre todo) se viste de Prada.

Con el tiempo aprendes a ver la doble cara de la moneda, y a subirte a lomos de gigantes (como Isaac) para contemplar más allá. Así, acabas por asumir que el Diablo (el mismo de antes) se sirve también de buena gente, de padres y madres de familia, de cumplidos feligreses y entregados voluntarios, y ya no sabes cuál es la frontera del bien y del mal, si el Diablo, a pesar de todo, cumple su función de llevarse a los malos con Él, como buen ángel que fue antes de que algún cabrón le quitara las alas.

El Diablo se oculta tras el telón, y nos engaña levantando los aplausos a un público entregado que encima le ríe las gracias. Mueve el mundo, lleva las riendas y marca los tiempos. Hay quienes, inspirados por algún sueño infantil no reprimido, se atreve a ponerle la zancadilla de cuando en cuando, pero lleva las de perder, pues se sabe un islote aislado que no conoce más tierra firme que la suya, y nunca se molestó en tender puentes hacia nuevas aventuras. 

El Diablo no es bueno ni es malo: es tan humano como el que más. Y eso es lo que más me desconcierta, pues vencerlo pasa por acabar con nosotros mismos para actualizarnos a una versión superior, capaz de dar más y mejor con menos recursos, más sencilla e intuitiva, para sacar así el mayor partido al término.

domingo, 12 de enero de 2014

papel de regalo

Lo mejor de la Navidad es que termina. Mientras tanto, tu estrés por tenerlo todo preparado el día X a la hora Y me salpicaba, y no solo no entiendo esa fiebre por compensar gastos en unos u otros (siguiendo eso que dicen de cuanto más te doy más te quiero) sino que tratar de asumirlo me genera arcadas.

Me entristece, al hilo, verle romper mi papel de regalo como si nada (como la rutina diaria de quien orina, ríe o baila sin miedo), pues no sabe apreciar el valor del intento, ni la enseñanza de quien no tiene pero tampoco necesita. Da pena, sí, saberle en la opulencia, tan niño, y causa vértigo pensar adónde nos llevará tanto vacío.

Te comenté que optaba por dos salidas al conflicto, o encajar la sobredosis que nos engulle o vivir con ella. Y claro, ya sabes con cuál me quedé.