Lo mejor de la Navidad es que termina. Mientras tanto, tu estrés por tenerlo todo preparado el día X a la hora Y me salpicaba, y no solo no entiendo esa fiebre por compensar gastos en unos u otros (siguiendo eso que dicen de cuanto más te doy más te quiero) sino que tratar de asumirlo me genera arcadas.
Me entristece, al hilo, verle romper mi papel de regalo como si nada (como la rutina diaria de quien orina, ríe o baila sin miedo), pues no sabe apreciar el valor del intento, ni la enseñanza de quien no tiene pero tampoco necesita. Da pena, sí, saberle en la opulencia, tan niño, y causa vértigo pensar adónde nos llevará tanto vacío.
Te comenté que optaba por dos salidas al conflicto, o encajar la sobredosis que nos engulle o vivir con ella. Y claro, ya sabes con cuál me quedé.
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