sábado, 17 de enero de 2015

melancolía involutiva

"He reinado más de cincuenta años, en victoria o paz (...). En esta situación, he anotado diligentemente los días de pura y auténtica felicidad que he disfrutado: suman catorce."
Abderramán III

Sin ánimo de ponernos trascendentes, cosa que yo, personalmente, no podría hacer aunque quisiera, hablábamos de lo virtual, de lo divino y de lo humano, de dobles vidas y otras, que aun siendo una, no siempre son lo que parecen. Tendemos a mostrar siempre una mejor versión de nosotros mismos de la que realmente es, generando esa sensación en terceros de "oh, mira, qué cosas hace o dice o piensa y qué envidia" cuando en realidad nuestro día a día es tan ordinario como el de cualquiera. Y no es casual ni tiene que serlo que los hombres (en masculino), dentro de nuestra limitación genética e intelectual, juguemos a estrategas dando pasos que responden a un porqué, publicando (por ejemplo) tal o cual archivo en un momento determinado o comentando el de otro para hacernos notar.

Casi todo es mentira, entonces, y digo casi por los muchos pequeños detalles que podemos reflejar a través de una pantalla, pero poco más. Quiénes somos, y qué nos hace temblar de tristeza o alegría, se suele medir mejor bajo las sábanas, con una copa o al ritmo de una canción del jukebox. El algodón, por desgracia, termina engañando y, si no, que se lo pregunten al califa.

1 comentario: