Soy muy de tocar, aunque apenas me lance a hacerlo. Tocar como herramienta para aprenderte, como artículo indeterminado entre tu nombre y mi verbo, significante puro carente de lectura.
Soy muy de tacto, como sentido primario a falta del olor. Tacto para dibujar en mi cabeza un mapa de tu cuerpo y no perderme en la huida.
Soy muy de contacto amistoso, sin más, aunque apenas me prodigue. En son de paz, sin intenciones, porque en este mundo nos falta contacto y nos sobra teclado.
En forma y fondo no me importa hablar en primera persona. En singular o en plural. Llevo tiempo sin tener que hacerlo (y la inercia del arranque siempre me ha llevado un tiempo).
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