miércoles, 8 de febrero de 2017

este es el nivel

Lunes. Es de noche. Estás sentado en la parte de atrás de una sala. Al fin y al cabo, sois cuatro gatos y no habrá excesivas molestias causadas por hordas de gente alrededor rumiando palomitas y riendo a carcajada limpia: lo que vas a ver no es una comedia. Sin embargo te equivocas, y te percatas en el preciso instante en que ves subir por el pasillo a esas tres muchachas esbeltas, risueñas y ungidas de un dinamismo pobremente contenido que se hace plausible en el acto de abrir y moldear una bolsa de snacks, algo que, dicho sea de paso, un servidor desconocía que pudiera alargarse durante más de hora y media. Sentadas a tres metros de ti, tu educación pesa más que tu quijotismo y contienes un comentario fútil mas, así lo entiendes, necesario que, en honor a la justicia, sí hace tu acompañante.

Hoy vuelves a ir al mismo cine porque eres así y sabes que en ciertos sitios se empeñan en dejar entrar a cualquiera, y ese mismo poco tino en el control de acceso lo tienen también con la pareja de delante. Dos personas, dirías, de una cierta madurez, de buena familia y sensatas que, sin duda, muestran un gusto cinematográfico admirable al haber escogido el mismo título que tú y otros tantos millones de espectadores. Evidentemente, las apariencias ya sabemos lo que hacen y a mitad de metraje te planteas seriamente si lo que comentan entre sí a un volumen cuestionable no es sino una lectura dramatizada del guion conforme se suceden las escenas en pantalla: ¡qué manera de hablar! ¿Acaso son dobladores de profesión para el gremio de los lerdos, o se han dejado la educación en el bolso pensando que, tal vez, aquello es como estar en el salón de sus casas con figuración de fondo?

No sé... Bueno sí, sí que sé. Sé que es mucho pedir vivir rodeado de personas leídas, empáticas, honestas, elocuentes y capaces que hablar (cuando deben) de algo más que de sus hijos o de fútbol o de vídeos de youtube o de trabajo o de lo buenos y guapos que son comparados con el resto. Gente humilde, rica de alma, entusiasta y, en definitiva, que ilumine. 

Cuando estudiaba a menudo me decían eso de que se aprende tanto o más de una mala película que de una buena, pero qué queréis que os diga, generalmente estoy de mejor humor para las segundas y, para muestra, un botón. Resumo a continuación la conversación en un grupo de Whasapp de hace tan solo unas horas (corrijo ortografía y puntuación porque os quiero).

A. 3.40 pm. Fulanita, están los bomberos en la puerta principal, ¿sabes algo?
A. 3.40 pm. No me he podido parar, estoy en el garaje.
A. 3.50 pm. Ya se han ido.
B. 3.55 pm. ¿Los bomberos?
A. 4.38 pm. Y la guardia civil.
A. 4.38 pm. No sé nada.
C (Fulanita). 4.49 pm. Yo he visto entrar a eso de las XXX a dos bomberos y dos policías desde mi ventana.
C. 4.50 pm. No sé qué ha pasado.
C. 4.50 pm. Con las venecianas no he podido ver a qué portal entraban, debía ser el X, Y o Z.
A. 4.57 pm. Pues no sé.

Sin duda ha sido muy ilustrativo, de lo mejor de mi día, y para cuando me entraron ganas de aportar a la conversación con algo lúcido, meditado y que estuviera a la altura, algo así como un: "Diego. 5.19 pm. Pues muy bien.", se había perdido el interés informativo y yo ya me había enamorado de Emma Stone.

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