que me hacía yo caminando entre la arboleda.
- La primera retomaba una conversación al teléfono de hace algunos años, donde ella me preguntaba si realmente quería o no comprar, porque me lo pensaba demasiado. Mi respuesta fue que esas cosas necesitaban ser pensadas, porque uno a veces quiere realidades (y no posibilidades).
- La segunda respondía a los muchos viandantes que disfrutan de mojarse en público, a falta de paraguas (objeto ideado para protegerse de la lluvia que casi nadie usa, por complejo).
- La tercera, más tardía, aludía a la infinidad de mensajes que somos capaces de intercambiar por móvil, ejercitando hasta el paroxismo nuestros pulgares, por no hacer una puta llamada.
De lo cual extraigo tres conclusiones.
- La primera, que pecamos de ilusos.
- La segunda, que somos un poco tontos.
- La tercera, que acabaremos gilipollas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario