miércoles, 7 de marzo de 2018

soleta

Timoteo, cada noche al acostarse, llevaba a cabo la misma rutina.
- ¡Chica, traeme un vaso de agua! -gritaba.
Llamaba "chica" a Justa, aun cuando mi abuela ya gozaba de cierta edad, y a menudo le bastaba poner un pie en el primer peldaño de la escalera, camino de su cuarto, para acordarse otra vez de ella y de su sed repentina. Mientras, Julita le recriminaba en alto esa actitud, a lo que mi abuelo respondía llamándola "soleta" o "descarada", lo mismo daba una cosa que otra, y mi madre con su rabia a otra parte, porque quién es una niña para meterse en cosas que no son de su incumbencia.

Mañana es un buen día para acordarse de estas cosas. Pasado también.

Y al otro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario